miércoles, 11 de marzo de 2009

Feliz Día de la Mujer a Sara: un pájaro que quiso volar


10.03.2009 -
Por ELOISA MARÍN FERNÁNDEZ





El Día de la Mujer es una fecha en la que todas debemos felicitarnos. Ser mujer tiene muchos privilegios, el más grande de todos, la maternidad. Ese privilegio es el más grande de cuántos la naturaleza ha otorgado al ser humano.
Eras un pajarillo en el nido, te llevaban la comida, te cuidaban, hasta que un día, a pesar de tu discapacidad, quisiste volar. Si ya es difícil volar para cualquier mujer en estos tiempos: tener un trabajo, una vivienda, una vida independiente ¿Cómo no pensáste que no iba a ser cosa fácil? ¿Tendrías que haber recibido unas lecciones preparatorias! Si, ya sé que me vas a contar otra vez que tu tía te quitó de Equa, ¿pero qué iba a hacer tu tía si no lo podía pagar? Al fin te fuiste de su casa, te lanzaste al espacio y tuviste la suerte de encontrar el amor de tu vida (así lo dices en la carta que conservo), te enamoraste de David y quisísteis volar juntos. Y para colmar vuestro amor decidisteis tener un hijo.

Hoy es tu día Sara ¿Felicidades! Porque eres mujer pero, sobre todo, por ser madre, (ayer tu hija Esmeralda cumplió dos meses). Te felicito de todo corazón por haber realizado tu mayor sueño como mujer. Sueño que, tu me lo has confesado, te ha dado la mayor felicidad de tu vida. Esta felicidad no te la quitará nunca nadie, nunca olvidarás la dicha de haberla llevado en tu vientre durante nueve meses, la de haber visto al nacer su preciosa carita, su cuerpo perfecto. Nunca olvidarás la sensación que tuviste cuando te la pusieron sobre el pecho, la de habérselo dado.

Recuerdo cuando entré a verte a la salida del paritorio. ¿Cómo te había dolido! (me decías). En cambio la mirabas y, agotada como estabas, me sonreías y me decías una y otra vez: «¿mírala,mírala, su carita, sus manitas, yo me la como, yo es que me la como!». Y tu expresión de dicha era para mí, efectivamente, la de una Sara desconocida.

Pero recuerdo también que entró a verte la Trabajadora Social del Hospital y te cambió la cara. Cuando salió de la habitación (aún estabas en el paritorio) te encontré con una expresión triste que, aunque no era desconocida para mí, se acentuaba con un nerviosismo y una angustia que me expresaste al decirme: «me la van a quitar, me la van a quitar». Yo no podía dar crédito a tus palabras.

Pero lo sabías, estabas avisada, acertaste. Pasé dos días contigo y, sin poder dar crédito a tu desazón y tu miedo espantosos, pregunté a las trabajadoras sociales sin poder averiguar nada, nadie sabía nada, solo tú, y me lo contabas culpabilizándote y diciéndome: «es que donde yo vivo no puede vivir la niña, es que no tenemos ni luz ni agua, ni tenemos trabajo, ya me lo advirtieron, y ahora me la van a quitar» Y cada vez que alguien se acercaba a la niña te levantabas, o te despertabas del sueño como un pájaro que teme que se lleven del nido a su polluelo.

Se la llevaron, Sara, sucedió tal y como te habían prevenido. Pero las cuarenta y ocho horas que la tuviste, que viviste junto a ella, que la amamantaste, que la acunaste y acariciaste, que te la comiste a besos, esas no te las quitará nunca nadie, esas cuarenta y ocho horas y la foto del móvil de Esmeralda que hemos trasladado al papel para que puedas besarla cada día te dan la fuerza para vivir y para luchar por ella. Y vas a recuperarla porque lo dice la Constitución Española, porque lo dice la Ley Andaluza de Atención a las personas con diversidad, porque lo dice la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad. Todas las leyes te lo garantizan.

Pero sobre todo vas a recuperarla porque has aprendido a volar.

¿Feliz día de la mujer!

A Sara, a todas las mujeres con discapacidad y a todas las madres

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