miércoles, 22 de abril de 2009

Personas con diversidad funcional reclaman a los gobiernos la aplicación de los Derechos Humanos

Millones encerrados en instituciones. Millones dependiendo de familiares mayores. Y una minoría viviendo una Vida Independiente con elección, control y asistentes personales.
Así dibujan la realidad los propios afectados: las personas con diversidad funcional, mal llamadas minusválidos hace unos años, y aún denominadas, la mayoría de las veces, como personas con discapacidad.
Desde el colectivo Foro de Vida Independiente reclaman que los gobiernos del mundo apliquen la Convención de Naciones Unidas de los Derechos Humanos que reconoce el derecho de las personas con diversidad funcional a vivir de forma "independiente" y a "ser incluidas en la comunidad".
Para ello reclaman a los Estados la prestación de asistencia personal, un servicio que "es, para muchas personas con diversidad funcional, la primera y más importante ayuda para la Vida Independiente, que permite libertad y poder salir de la situación de -dependencia-".
"A menudo es el principal requisito para contemplar el ejercicio de igualdad de oportunidades, la autodeterminación y, en consecuencia, la Vida Independiente", añade el Foro en un comunicado.
Para lograr ese objetivo han lanzado una campaña en Internet con el lema Derechos Humanos Ya!. Puedes firmar aquí

lunes, 20 de abril de 2009

El mundo está lleno de horror


El mundo está lleno de mentirosos,

de aprovechados, de oportunistas,

de insustanciales, de despistados,

de represores, de inconvencidos.


De muertos vivientes de frias miradas.

De pobres de amores que viven sin alma.

De pechos sin leche de miedo servidos.

De trágicos tiempos de tiempos perdidos.


Postines, postineros,

marqueses, lacayos o ministros,

dioses altaneros.

Traidores, cobardes, desiertos de amor,

luciéndose en mierda, se sienten mejor.


Y mientras, a lo lejos…


Un niño llora,

una anciana espera,

una joven desespera,

un padre se modera,

una madre se quiebra,

cautivos de dolor.


El mundo esta lleno,

muy lleno.


El mundo está lleno de horror.



Mª Ángeles Sierra

viernes, 3 de abril de 2009

En el caso de Sara y David, quienes tienen capacidad para hablar, no se callan.


¿POR QUÉ DECIDEN POR SARA?


CARMEN GARCÍA PASTOR

Catedrática de Educación Especial.

Universidad de Sevilla.

Lo quieran o no, lo reconozcan o no las diferentes instancias administrativas implicadas, la familia formada por Sara, su compañero y su hija, existe, es una realidad.Es tan real como la situación de desventaja social que en este caso acompaña a la condición de discapacidad, haciendo de Sara sujeto de una doble marginación que se hace evidente en las medidas cautelares tomadas. Tanto la discapacidad como la falta de unas condiciones socioeconómicas adecuadas llevan a separar a cada uno de los miembros de esta familia, procurándole un lugar adecuado. Al padre y a la madre en una residencia en habitaciones diferentes se les exige una demostración de su capacidad para hacerse cargo de su hija ¿cómo se puede aprender a criar a un bebé sin bebé? ¿como hemos aprendido las demás madres y padres? Yo diría que nunca hemos aprendido del todo, que siempre hemos estado asaltados por las dudas sobre lo que podría ser mejor para nuestros hijos e hijas. Diría que más que nuestros conocimientos, ha sido nuestro amor, nuestra generosidad, lo que nos ha llevado a adoptar esa posición incondicional, que llegamos a llamar «instinto» a falta de una explicación racional, y nos ha hecho «luchar por ellos», «sacarlos adelante».Las embarazadas suelen gozar del mimo de sus familias, no sólo de sus parejas. Nuestras madres nos ayudan a preparar el nido, nuestras casas se van llenando de patucos, peleles y últimamente de catálogos con los objetos más sofisticados para el bienestar del futuro bebé. Todo el mundo se alegra y nos felicita por haber decidido traerlo al mundo. Sara escondía su barriga porque sabía que nadie iba a felicitarla, nadie le iba a hacer patucos a su bebé. No querían que ese bebé viniera al mundo. Asusta la unanimidad en esa decisión en contra de la de Sara de seguir adelante con su embarazo. La negación a la posibilidad de ser madre.Soy partidaria de la despenalización del aborto, en tanto que significa la libre decisión de la mujer para asumir la maternidad, no soy partidaria de que otros tomen esas decisiones, ni la Iglesia, ni la Administración. He leído y oído en los medios de comunicación estos días que se propone que las jóvenes de dieciséis años puedan abortar sin necesitar la autorización paterna. Podrán decidir, aun siendo menores, que hacer. Sara decidió, pero en contra de la decisión que otros ya habían tomado por ella, por eso, e inmediatamente, con una diligencia que llama la atención, se dio orden a las maternidades de avisar cuando la criatura naciera.La decisión de los otros siguió su curso: no podían impedir el embarazo, no podían impedir que fuera madre, pero sí podían hacer que no ejerciera como tal. Y lo hicieron con una diligencia tan insensible y despiadada que no les importó arrebatarle a la criatura de sus brazos, tratando de impedir que la lactancia que ya había comenzado afianzara el vínculo, reafirmara el afecto.¡Qué extraño sentido de la preservación de los derechos del niño es ese que le impide mamar del pechomaterno!¡Qué extraña forma de preocuparse por ayudar a esa madre que tanta ayuda necesita! Parece como si desapareciendo el bebé el problema también desapareciera. Pero el problema no desaparece, las condiciones de desventaja en las que ha vivido Sara siguen existiendo, una atención adecuada se revela inexistente para personas como ella. Si hubiera tenido un trabajo, una vivienda digna y una familia que la protegiera, la historia hubiera sido otra. Su discapacidad considerada de otra manera.Para las personas que apostamos por la integración desde hace más de treinta años, trabajando junto con padres y madres para eliminar la segregación, encontrarnos después de todo, con situaciones como éstas, nos sume en la impotencia de la incomprensión primera: la de la desconsideración del otro diferente.Nos lleva a la incredulidad ante tantas declaraciones políticamente correctas que nos abandonan en esta desesperanza. Porque se puede entender que haya que tratar con calma todos estos temas que entran dentro de lo que se llama «una vida adulta independiente », pero que se dé por supuesto que esta expresión sólo venga a significar el derecho a realizar actividades de ocio y tiempo libre, a una continua acumulación de «prácticas laborales» que excepcionalmente concluyen con un contrato de trabajo, a unos cursos de sexualidad para manejarse con corrección, y a jugar a las casitas aprendiendo a hacer las tareas del hogar, sin luego tener posibilidades de una vivienda digna…permítanme decirles que es un tipo de cinismo políticamente muy incorrecto. Yo he trabajado por otra causa, en la que a pesar de todo sigo creyendo, y es la que considera que la preparación para la vida adulta significa tener oportunidades para tomar decisiones, significa autodeterminación e independencia.Porque el reconocimiento de la diferencia significa tratar de comprender, ponerse en el lugar de ese otro, de esa otra extraña que hoy se llama Sara, y sentir esa incómoda complicidad con un nosotros que nos ha dejado de gustar porque nos encierra en un lugar de desesperanza en el que no queremos estar. Por eso, por librarme de ese encierro miserable, elijo hacerme yo también extraña y estar a tu lado, Sara.


Artículo de opinión publicado en La Voz de Cadiz Digital, el día 28 de marzo de 2009.

miércoles, 1 de abril de 2009

Sarah Garibay, una mujer de retos



TIJUANA, Baja California(PH)


Desde los ocho meses de edad, Sarita Garibay se enfrentaba, sin quererlo, a un panorama adverso; la poliomelitis hizo estragos en sus brazos y piernas; fue en los cincuentas cuando la enfermedad causó estragos en el País.

Luego de tratamiento ortopédico, Sarita logró recuperar al 100% la función en los brazos, no así en las piernas. Por más de 34 años, un par de muletas han sido sus compañeras, sus confidentes y su apoyo en este arduo camino.

Ser mujer y contar con una discapacidad fueron dos situaciones adversas para el desarrollo profesional y personal de la doctora Sarah.

A sus 58 años de edad, la doctora afirmó que su discapacidad la hizo más fuerte y decidió dedicarse a la medicina, mundo que no había sido distante para ella porque fue paciente prácticamente desde que nació.

Hoy, la doctora Sarah Estela Garibay Anaya ofrece consulta en el Centro de Salud de la colonia Francisco Villa en donde diariamente atiende unos 20 pacientes y a ellos les da tiempo y dedicación.

Los anhelos

La inspiración de Sarah para convertirse en médico estuvo siempre a su lado; la figura más representativa de su vocación era el ortopedista Alfonso Tohen Zamudio, quien trataba los efectos de la polio en Sarah.

“Yo fui paciente muchos años y el haber vivido en medio de esta situación me hizo ponerme en los zapatos del otro, y luego decidí que esto era lo mío”, dijo la doctora Garibay.

Así estudió la carrera de médico cirujano en la Universidad Autonoma de Guadalajara (UAG), después hizo una especialidad en una universidad de Veracruz sobre salud pública y otro más en la universidad Iberoamericana en Tijuana sobre Terapia Familiar.

La doctora Sarah decidió entregarse a su profesión, se independizó de su familia a los 23 años y fue forjando su especialización profesional.

Los obstáculos

Ser mujer fue uno de los principales obstáculos que la doctora Sarah Garibay enfrentó casi al mismo tiempo que la discapacidad.

Y no precisamente porque sus jefes hayan sido hombres misoginos; sus propias compañeras de trabajo la hacían tropezar.

“Yo puedo entender la misoginia de un hombre, pero entre mujeres va más allá de una competencia sana, era una rivalidad desmedida, mala”, narró.

Y luego la discriminación por su enfermedad y sobre todo de una institución pública de salud en donde ella quería estar para servir.

“Hace unos años fui llamada para ocupar la jefatura de medicina preventiva en la clínica 27 del IMSS, previendo la situación, les dije que si estaban seguros de que podría ocupar el puesto por lo de mi discapacidad y me dijeron que sí. A tres días antes de que asumiera el cargo me dijeron que siempre no por mi discapacidad”, explicó.

Después la doctora fue invitada por la Secretaría de Salud y lleva más de un año como empleada de base y agradece a las autoridades por creer en ella.

“Yo les digo a las mujeres y a los discapacitados que no se rindan porque la vida sigue adelante. “Tener una discapacidad no te hace distinto te hace desarrollar capacidades que antes siquiera que tenías y que de la misma forma te pueden llevar a desarrollarte plenamente como profesionista y como persona.

“Yo no soy ejemplo de nada, soy prueba de que las cosas por las que una lucha con pasión se cumplen porque no soy un gigante, estoy sentada en los hombros de uno que lo han conformado muchisimas personas que me han apoyado”, manifestó.

“Ningún paciente se debe quedar sin atención médica pese a la falta de recursos”.



Guadalupe López Dueñas

lunes, 30 de marzo de 2009

Almas atropelladas



Mirada asustada destrozada
Te arrebatan de tus brazos tus alas
Madres que sufren
Ángeles que dormitan
Pechos secos,
no siento,
no la oigo
me pliego.
En cada mujer de España hay una herida,
El vientre se nos retuerce
La rabia nos traga
No lloramos
La pena se lleva dentro.


Sociedad brutalmente cercenada

Sara Maldonado Pino está rota
como leona que roban su cachorro,
tiene que sacar sus colmillos y uñas
ruge de impotencia
que suena como gran aullido
resonaran en las negras conciencias
su alma acuchillada.
Juego con las nubes,
hablo con el viento,
que me trae
las canciones aprendidas
para mi niña.
No te escondas en el abatimiento,
lucha con furia se fuerte,
por lo que es tuyo,
por lo que llevastes dentro.
Sal todo día, a buscar refugio y alimento
Sal día y noche a buscar justicia
Sal noche y DIA a buscar a tu niña
Sal y grita como animal salvaje colérica
Demostrando al mundo entero con valentía
Que queremos y podemos
que en tu victoria esta la mía
y la de cada mujer que por un hijo suspira...
A: Sara Maldonado Pino y David Olvera Sánchez.

AUTORA: Amparo Camps, miembro del FVI

miércoles, 25 de marzo de 2009

Excelente fragmento de artículo de Atenea. 8 de Marzo por la Igualdad


Las mujeres, en todas las latitudes, crecemos con la convicción de que es indispensable modificar nuestro cuerpo para hacerlo apetecible, para agradar al otro, para complacer. Siempre hay algo que sobra (en mi cultura: vello, grasa, arrugas, celulitis...) y algo que falta (en mi cultura: pechos generosos y firmes, aromas delicados, maquillaje, ropa de moda...). Y el mensaje subyacente tampoco cambia según la geografía: nadie te va a querer tal como eres, nadie va a querer casarse contigo. En ese discurso, un discurso que por desgracia está adquiriendo matices de universalidad, el amor y el bienestar, bajo el tramposo disfraz de la vida en pareja, quedan condicionados por la imagen. Cada vez más hombres caen en un engaño similar, pero las mujeres tenemos siglos de experiencia en la materia y conocemos al dedillo la doble moral que hace de nuestra anatomía el mejor regalo y el peor castigo. El cuerpo y su imagen son el salvoconducto o la condena en diferentes etapas de la vida: ser delgada u obesa, pudorosa o coqueta, mesurada o promiscua, discreta o golfa. El cuerpo y su biología nos marcan a los ojos de la sociedad a través del tamiz de la sexualidad: nuestro estado de ánimo, temperamento y carácter, se supone, se explican por pura fisiología y nunca escapan a comentarios socarrones. Desde la joven marginada que llega a la maquila mexicana o al taller filipino y debe someterse mes a mes a una prueba de embarazo dentro de la empresa bajo amenaza de perder el trabajo si se niega o se encuentra en estado, hasta la ministra española o la presidenta argentina a quienes se mide primero y fundamentalmente por el atuendo o cuán bien o mal cumplen con su papel de esposa o madre, el criterio para calificar a toda mujer pasa, antes o después, por el cuerpo. En una doble perversión se nos hace creer que somos cuerpo y poco más, pero no se nos enseña a adueñarnos de ese cuerpo, a habitarlo y vivirlo en libertad. Libertad de elegir cuándo, cómo y con quién arroparlo, disfrutarlo, desnudarlo, cuidarlo, compartirlo y quererlo como vehículo para desplazarnos y comunicarnos con el mundo.

*La edición de este blog añadiría que todo lo anterior se agrava y multiplica en el caso de las mujeres con diversidad funcional.